CCCB
del 6 al 22 de agosto 22:00 hrs
No son “gandules, holgazanes, vagos”. Se llaman gándulas, y
son lo que en México se denomina “camastros”, los que se usan en la playa
para dormir al lado del mar o broncearse
hasta quedar como carbón. Gándulas, y comodísimas. Es lo que promete el Centre de
Cultura Contemporània en este agosto acalorado y en una ciudad semivacía: aire
libre, cine, gándulas, y cine de arte escogido entre el público por votación
online.
Por supuesto, hay que llegar temprano para alcanzar un
asiento decente. Sobre todo porque, en el espíritu solidario de estos tiempos,
el CCCB ofrece el programa completo de cine al aire libre de forma gratuita. Claramente, una iniciativa como ésta requiere de ayuda, y por eso se llaman Gandules Fenosa, porque sin patrocinador
no les salen las cuentas. Y esa es la razón por la que la gente se arremolina
dos horas antes. Mi amiga y yo pensábamos tomar algo por la zona antes de
entrar, pero la cola que se iba formando en las cercanías del CCCB nos
disuadió. Tuvimos que formarnos, y al final encontramos gándula libre, a costa
de llegar a las ocho y media cuando al función es a las diez. Pero la venta de
bebidas en el bar del museo —a precios muy razonables— nos reconcilió con la
espera. La cerveza fría, el aire fresco, la buena compañía, y la comodidad de
los camastros hacen que el tiempo pase rápidamente, y cuando menos se espera ya
ha llegado el momento de ver la película.
La lista de películas ofrecidas por el CCCB seduce de
inmediato: primero, cortometrajes humorísticos y sorprendentes que abren el
apetito cinematográfico. Después, películas filmes que han recibido premios y
galardones en los más prestigiados circuitos cinematográficos, de directores
tan consolidados como Ozon, Resnais, Lanthimon, los hermanos Dardenne, entre muchos otros. Ciertamente el sonido deja
algo que desear, acaso por la excesiva reverberación del patio interior en el
que se proyecta la película. Pero la nitidez del video pronto hace que uno se
acostumbre al eco de las voces.
La película pasa muy deprisa (como deprisa pasa todo). Al
final, y quizás sobresalte un poco al ajeno a las costumbres catalanas, el
público aplaude rotundamente. La función ha terminado. Y la promesa del CCCB,
desconectarnos de los días más acalorados, se ha cumplido enteramente. La
tristeza de que acabe la proyección queda paliada por el consuelo de que al día
siguiente, y por dos semanas más, habrá otra proyección y otra película
fantástica, y otro momento de vacaciones perfectas, y otra gándula, cómo no.
Ahora el problema será qué haremos cuando se acaben las funciones, agosto, y
con ello las vacaciones. Mientras tanto, acomodémonos en las gándulas y disfrutemos.
