martes, 13 de agosto de 2013

GÁNDULAS, NO GANDULES

CCCB
del 6 al 22 de agosto 22:00 hrs




No son “gandules, holgazanes, vagos”. Se llaman gándulas, y son lo que en México se denomina “camastros”, los que se usan en la playa para  dormir al lado del mar o broncearse hasta quedar como carbón. Gándulas, y comodísimas. Es lo que promete el Centre de Cultura Contemporània en este agosto acalorado y en una ciudad semivacía: aire libre, cine, gándulas, y cine de arte escogido entre el público por votación online.
Por supuesto, hay que llegar temprano para alcanzar un asiento decente. Sobre todo porque, en el espíritu solidario de estos tiempos, el CCCB ofrece el programa completo de cine al aire libre de forma gratuita. Claramente, una iniciativa como ésta requiere de ayuda, y por eso se llaman Gandules Fenosa, porque sin patrocinador no les salen las cuentas. Y esa es la razón por la que la gente se arremolina dos horas antes. Mi amiga y yo pensábamos tomar algo por la zona antes de entrar, pero la cola que se iba formando en las cercanías del CCCB nos disuadió. Tuvimos que formarnos, y al final encontramos gándula libre, a costa de llegar a las ocho y media cuando al función es a las diez. Pero la venta de bebidas en el bar del museo —a precios muy razonables— nos reconcilió con la espera. La cerveza fría, el aire fresco, la buena compañía, y la comodidad de los camastros hacen que el tiempo pase rápidamente, y cuando menos se espera ya ha llegado el momento de ver la película. 

La lista de películas ofrecidas por el CCCB seduce de inmediato: primero, cortometrajes humorísticos y sorprendentes que abren el apetito cinematográfico. Después, películas filmes que han recibido premios y galardones en los más prestigiados circuitos cinematográficos, de directores tan consolidados como Ozon, Resnais, Lanthimon, los hermanos Dardenne,  entre muchos otros. Ciertamente el sonido deja algo que desear, acaso por la excesiva reverberación del patio interior en el que se proyecta la película. Pero la nitidez del video pronto hace que uno se acostumbre al eco de las voces.


La película pasa muy deprisa (como deprisa pasa todo). Al final, y quizás sobresalte un poco al ajeno a las costumbres catalanas, el público aplaude rotundamente. La función ha terminado. Y la promesa del CCCB, desconectarnos de los días más acalorados, se ha cumplido enteramente. La tristeza de que acabe la proyección queda paliada por el consuelo de que al día siguiente, y por dos semanas más, habrá otra proyección y otra película fantástica, y otro momento de vacaciones perfectas, y otra gándula, cómo no. Ahora el problema será qué haremos cuando se acaben las funciones, agosto, y con ello las vacaciones. Mientras tanto, acomodémonos en las gándulas y  disfrutemos.

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