Borderline
Mercat de les Flors Sala MAC
30 y 31 de julio de 2013
Cinco bailarines que se mueven como si su cuerpo tuviera
imanes. Que bailan como si el otro tuviera una carga opuesta y a ellos no les quedara más remedio que
replicar los mismos movimientos, frenéticamente atraídos para siempre. El baile
como simetría. El baile como atracción y repulsión. El baile, entonces, como
ritual liberador. El baile como única manera de relacionarse con ese otro hijodeputa que resulta ser igual que yo.
Y, al final, el baile como pipa de la paz.
¿O no? Dos bailarines más, y dos dados gigantes—hexaedros
que a veces actúan como cárcel y otras veces como refugio—movidos con pértigas
y bajo el mando de curiosos riggers
(operadores) que asemejan a un dios.
Agreguémosle una mezcla imposible de danza contemporánea y hip-hop, hechos
cuerpo en bailarines talentosísimos, y lo que queda es Borderline.
¿Qué es Borderline?
Es un espectáculo que fusiona dos mundos separados: un baile callejero y el
género dancístico más formal de todos. Un espectáculo creado por Wang Ramírez,
la exitosa dupla de artistas y coreógrafos que se atreve a mezclar disciplinas
perfectamente bien delimitadas. Con música sincrética y tensa, Borderline propone las atmósferas más
agobiantes para los movimientos más enérgicos, ayudados con arneses a desafiar
la gravedad y a realizar las maniobras más impensables. A esto se agrega,
además, un complejo discurso sobre la violencia, la agresividad, la competencia, el vacío del éxito
y el amor atrapado en las tramas de poder. Un espectáculo que advierte sobre el
ser humano entre las rejas del sistema: el ya omnipresente “Vamos a jugar a que
te deshumanizo”, que tanto gusta a los políticos y a los millonarios, hecho
movimientos y ritmo.
Hace muchos años fui a una pieza de
danza contemporánea. Fuera de una gráfica relación sexual entre hombres, no
entendí nada de nada. Con esa sensibilidad de piedra, no es de extrañar que
pasaran años hasta que regresara a la danza. Pero esta vez, muchos años
después, comprendí bastante más. Menos mal que ya no tengo quince años. Ahora entendí
los movimientos espasmódicos de los danzantes envueltos en capullos, los ritmos sostenidos y los gestos simétricos de los pseudo siameses que en el escenario luchan. Sobre todo, comprendí la
impresionante energía que los bailarines crean alrededor de un gesto que, una
vez hecho, se irá para siempre. Eso es hermoso y desolador a la vez.
Una vez captado todo esto, casi creo que llegué al mensaje de Borderline:
frente al juego de la agresión, frente a los límites propios y ajenos que nos interpelan hasta la vulnerabilidad, frente a la feroz destrucción del sujeto por el sujeto, frente a la concepción del amor como consumo, solo queda
el baile como remedio. Quién nos salvará ahora: los bailarines, y nosotros mismos, si
bailamos.
Y ahora sí, vamos a jugar a que te humanizo.
Una crítica sana no destructiva, tratando de entender a este grupo de danza y al mensaje que envían,tratando de explicar este tipo de baile en general y cuáles son los sentimientos que generan.
ResponderEliminarEnhorabuena.
Anónimo